
Basado en un sueño de Ezequiel
por Roger Goyaud
Pleno verano, el calor agobiante y pesado era un acompañante no deseado. Nos dirigimos con Roger a la facultad de Ciencias Exactas en Ituzaingó. En el aula también estaban Lito y Crotti. La profesora nos encargó un trabajo de investigación científica sobre la aridez de los suelos, en un lugar llamado Villa Udaondo, dentro del partido de Ituzaingó.
Llegamos al pueblo y de movida nos sorprendió que las calles fueran de tierra y que hubiera tanta distancia entre las viviendas, es decir uno está acostumbrado a ver una casa al lado de otra, y aquí solo había una y a la distancia, bastante alejada otra y más lejos otra. Se podían divisar grandes extensiones de campo con solo mirar el horizonte. Parecíamos estar en algún paraje perdido del interior de la provincia, pero no, esto era a solo unos pocos kilómetros del centro de Ituzaingó. O tal vez era como si el tiempo no hubiera pasado en este lugar. Como si se hubiera olvidado de este pueblo.
Empezamos la investigación. Con cuaderno y lapicera en mano íbamos anotando las características y tendencias que observábamos. Una casa antigua me llamó la atención, me acerqué, había algo que no era normal. Lo que en otros terrenos era pasto, en esta casa el jardín delantero era árido, no había césped, solo tierra seca. Tomamos nota de ese extraño fenómeno. Luego decidimos entrar en esa casa, en busca de alguna evidencia. Un arrebato tonto porque no nos percatamos de que estaba vigilada por una bestia con forma de lobo. Corrimos abriendo puertas sin poder cerrarlas, tratando de evadirlo sin resultado favorable. Hasta que nos encerrarnos en el baño. La bestia no conforme con esa situación, una y otra vez golpeaba la puerta con una violencia sobrenatural. Sabíamos que no tardaría en lograr derribarla, así que salimos por una ventana o escotilla, bastante pequeña, dimos toda la vuelta al pasillo donde quedaba el baño y encerramos al animal sin que este se diera cuenta.
Volvimos a la calle y continuamos con nuestra investigación. Ahí nos cruzamos con Lito y Crotti y decidimos unificar esfuerzos. Fuimos al Chalecito, una casa que habíamos alquilado en ese lugar. Y también lo que debería ser césped (como él más normal de los jardines) era árido, un desierto de tierra seca, un fenómeno que seguía siendo inexplicable. También me llamó la atención que en la pared de esa casa había una ligustrina de enorme tamaño. No sé porque decidí tocarla con mi mano y para mi sorpresa la atravesé de lado a lado, abriéndose una especie de compuerta. Era como un pasaje hacia otro lugar, hacia otra dimensión tal vez. Enseguida alerté a los chicos y decidí pasar al otro lado del portal. Luego lo mismo hicieron los demás. En ese extraño ambiente, el día se hizo noche y la luz oscuridad. Un clima frío y húmedo acaparó el lugar. Miré alrededor y observé una especie de bosque, divisé algunos arboles pero la niebla no me dejaba distinguir bien todo lo que había. Escuchamos fuertes sonidos, como alaridos y vimos sombras moverse con rapidez asombrosa. Luego la niebla comenzó a disiparse, solo para que pudiéramos verlos. Parecían hombres, pero les aseguro que esa palabra no sirve para denominarlos. La única que encuentro para referirme a esas extrañas criaturas es ´Caníbales´. Si, caníbales que se aproximaban a nosotros. Rápidamente atravesamos el portal y regresamos al caluroso pueblo de Villa Udaondo. Retornamos frente al Chalecito, cuya ligustrina o portal habíamos atravesado y nos refugiamos en el patio.
Pero algo no estaba bien, de vuelta lo presentía. La casa comenzó a quebrarse, un terremoto estaba sacudiendo el lugar. Ahora el césped verde color esperanza del patio, se transformó en un árido y deprimente desierto de tierra seca. Los arboles comenzaron a secarse, las hojas caían secas sobre la tierra todavía mas seca. La casa se partió por la mitad y una parte quedó elevada e inclinada. Un ruido ensordecedor lo envolvió todo. De pronto sentí que aquellos extraños seres ´Caníbales´ estaban alrededor nuestro. No podía verlos, pero ahí estaban. Uno a uno mis amigos fueron cayendo, tragados por la tierra o por la casa o devorados por aquellos seres. En cuanto a mí, nada me ha sucedido. Extrañamente el poder de la tierra o de la casa no tienen influencia sobre mí. Los caníbales parecen tenerme respeto o miedo, tal vez. No entiendo porque se inclinan ante mí. ¿Quien soy para ellos?. ¿Quién soy?...
por Roger Goyaud
Pleno verano, el calor agobiante y pesado era un acompañante no deseado. Nos dirigimos con Roger a la facultad de Ciencias Exactas en Ituzaingó. En el aula también estaban Lito y Crotti. La profesora nos encargó un trabajo de investigación científica sobre la aridez de los suelos, en un lugar llamado Villa Udaondo, dentro del partido de Ituzaingó.
Llegamos al pueblo y de movida nos sorprendió que las calles fueran de tierra y que hubiera tanta distancia entre las viviendas, es decir uno está acostumbrado a ver una casa al lado de otra, y aquí solo había una y a la distancia, bastante alejada otra y más lejos otra. Se podían divisar grandes extensiones de campo con solo mirar el horizonte. Parecíamos estar en algún paraje perdido del interior de la provincia, pero no, esto era a solo unos pocos kilómetros del centro de Ituzaingó. O tal vez era como si el tiempo no hubiera pasado en este lugar. Como si se hubiera olvidado de este pueblo.
Empezamos la investigación. Con cuaderno y lapicera en mano íbamos anotando las características y tendencias que observábamos. Una casa antigua me llamó la atención, me acerqué, había algo que no era normal. Lo que en otros terrenos era pasto, en esta casa el jardín delantero era árido, no había césped, solo tierra seca. Tomamos nota de ese extraño fenómeno. Luego decidimos entrar en esa casa, en busca de alguna evidencia. Un arrebato tonto porque no nos percatamos de que estaba vigilada por una bestia con forma de lobo. Corrimos abriendo puertas sin poder cerrarlas, tratando de evadirlo sin resultado favorable. Hasta que nos encerrarnos en el baño. La bestia no conforme con esa situación, una y otra vez golpeaba la puerta con una violencia sobrenatural. Sabíamos que no tardaría en lograr derribarla, así que salimos por una ventana o escotilla, bastante pequeña, dimos toda la vuelta al pasillo donde quedaba el baño y encerramos al animal sin que este se diera cuenta.
Volvimos a la calle y continuamos con nuestra investigación. Ahí nos cruzamos con Lito y Crotti y decidimos unificar esfuerzos. Fuimos al Chalecito, una casa que habíamos alquilado en ese lugar. Y también lo que debería ser césped (como él más normal de los jardines) era árido, un desierto de tierra seca, un fenómeno que seguía siendo inexplicable. También me llamó la atención que en la pared de esa casa había una ligustrina de enorme tamaño. No sé porque decidí tocarla con mi mano y para mi sorpresa la atravesé de lado a lado, abriéndose una especie de compuerta. Era como un pasaje hacia otro lugar, hacia otra dimensión tal vez. Enseguida alerté a los chicos y decidí pasar al otro lado del portal. Luego lo mismo hicieron los demás. En ese extraño ambiente, el día se hizo noche y la luz oscuridad. Un clima frío y húmedo acaparó el lugar. Miré alrededor y observé una especie de bosque, divisé algunos arboles pero la niebla no me dejaba distinguir bien todo lo que había. Escuchamos fuertes sonidos, como alaridos y vimos sombras moverse con rapidez asombrosa. Luego la niebla comenzó a disiparse, solo para que pudiéramos verlos. Parecían hombres, pero les aseguro que esa palabra no sirve para denominarlos. La única que encuentro para referirme a esas extrañas criaturas es ´Caníbales´. Si, caníbales que se aproximaban a nosotros. Rápidamente atravesamos el portal y regresamos al caluroso pueblo de Villa Udaondo. Retornamos frente al Chalecito, cuya ligustrina o portal habíamos atravesado y nos refugiamos en el patio.
Pero algo no estaba bien, de vuelta lo presentía. La casa comenzó a quebrarse, un terremoto estaba sacudiendo el lugar. Ahora el césped verde color esperanza del patio, se transformó en un árido y deprimente desierto de tierra seca. Los arboles comenzaron a secarse, las hojas caían secas sobre la tierra todavía mas seca. La casa se partió por la mitad y una parte quedó elevada e inclinada. Un ruido ensordecedor lo envolvió todo. De pronto sentí que aquellos extraños seres ´Caníbales´ estaban alrededor nuestro. No podía verlos, pero ahí estaban. Uno a uno mis amigos fueron cayendo, tragados por la tierra o por la casa o devorados por aquellos seres. En cuanto a mí, nada me ha sucedido. Extrañamente el poder de la tierra o de la casa no tienen influencia sobre mí. Los caníbales parecen tenerme respeto o miedo, tal vez. No entiendo porque se inclinan ante mí. ¿Quien soy para ellos?. ¿Quién soy?...

2 comentarios:
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