miércoles, 20 de febrero de 2008

PRISIONEROS DEL TERROR 2 Meru la princesa guerrera


por Roger Goyaud


Las criaturas(caníbales) continuaban inclinadas ante mí. Mis amigos estaban desaparecidos. Entonces quedé estupefacto al ver que a través del portal se acercaba una figura. Todos seguían inclinados, pero esta vez levantaron la mirada hacia ese extraño ser que caminaba en dirección donde me encontraba. Se detuvo a mi lado. Llevaba puesto una especie de capa gris opaca y una capucha que impedía ver su rostro. De pronto elevó su mirada y pude ver sus ojos oscuros. Se quitó la capucha, era una mujer morocha, de 1,65 mtros de altura. Era hermosa, quedé sorprendido, no lo esperaba.
- Es tu día de suerte Ezequiel. No estas muerto porque le agradas.
- ¿A quién?, ¿quién sos?- interrogué preocupado
- Soy la princesa, hija adoptiva del Rey. Quiere que te unas a su ejercito, que lo dirijas.
- ¡¿Qué?!, ¿Princesa?, ¿ejercito?
- Sí, pero decime Meru.
- ¿Qué es todo esto?, ¿qué está pasando?
- Me mandaron a buscarte. No puedo decirte nada más, me controlan, me observan. Escapá mientras puedas!!.
- No sin mis amigos…
- Es tarde para ellos, algunos ya están allá. Son prisioneros y los usan para alimentar a las criaturas.
- ¿Qué?. ¡Estamos todos locos!. ¿Y vos sos como ellos?
- No puedo decirte más… es tarde para mí. Ya estoy condenada. Sálvate!!.
- Te prometo que volveremos a vernos. No voy a dejar a mis amigos ni a vos.
Me escapé del Chalet y caminé por las calles de Villa Udaondo, entre esas extrañas quintas. Pero todo había cambiado. Ahora la aridez de los suelos, que había visto en algunos lugares, era total. Todo lo que antes era pasto, incluso los árboles se caían uno tras otro, todo estaba seco.
Me di cuenta de que tenía que atravesar el portal y enfrentarlos. No podía abandonar a mis amigos.
Llegué al chalecito, decidido a cruzar al inframundo. Cuando una voz cálida me sorprendió agradablemente:
- Sabía que volverías.- Era Meru.
- ¿Qué haces acá?
- Vine a avisarte que di orden para que los guardias que vigilan el portal del otro lado se retiren.
- ¿Por qué haces esto?
- Porque ya no quiero vivir con ellos. Quiero quedarme acá y con vos.
Meru me contó como llegar al palacio real, donde en los calabozos se encontraban mis amigos. Me prometió que me ayudaría y que nos veríamos allá.
Atravesé el portal y tal como la primera vez la niebla lo acaparaba todo. Seguí las indicaciones de Meru y con suma cautela avancé por el bosque hasta divisar el enorme palacio.
La oscuridad lo envolvía todo, en este mundo no existía la claridad. Vivían en permanentes noches frías y húmedas. El palacio era de color gris opaco y estaba envuelto o parecía protegido por un tipo de plantas. Entré por un pasadizo que Meru me había indicado. En la entrada me esperaba ella que me explicó que era todo un sistema de túneles que conectaban con diversos sitios del castillo.
- ¡Seguime!- deslizó con autoridad
- ¿Adónde vamos?
- A los calabozos, donde están tus amigos.
Atravesamos varios pasadizos y finalmente llegamos.
- Hay al menos dos guardias.
- Yo me ocupo- dije
- No, déjame a mi- insistió
Se acercó a ellos, les dijo algo y los guardias se fueron. Abrimos la celda y estaban Roger y Lito. Nos abrazamos, se los notaba cansados. Les pregunté por los demás. No habían sobrevivido.
- A Crotti se lo llevaron a otro lugar.- dijo Roger
- Tal vez esté vivo. Dijeron algo de un deposito de municiones, creo que ahí se lo llevaron.- aclaró Lito
- ¿Meru sabés dónde queda?.- le pregunté
- Sí. Esta en el centro del castillo, bajo tierra, en el subsuelo. Pero esta muy vigilado porque ahí esta el arsenal del Rey.
Quedamos en encontrarnos en los túneles. Meru y yo fuimos por Crotti. Atravesamos los pasadizos y nos detuvimos frente a las puertas del deposito. Había dos guardias y Meru me dijo que llegarían dos más ante el menor ruido. Quiso ir ella y usar su técnica, pero le dije que se había involucrado demasiado. Era mi turno. Con la espada, que había recogido en el túnel, los enfrenté. Sorprendí al primero y lo derribé fácilmente. El otro percatándose de lo ocurrido enfureció. Era una bestia desagradable, percibía en su mirada un odio profundo hacia nuestra especie y ondos deseos de matarme. Se abalanzó sobre mí y le clavé la espada en medio de su pecho.
Rápidamente entramos y encontramos a Crotti junto a numerosos barriles de pólvora y cajas de variado armamento. Salimos los tres y escapamos por los túneles. Pero ahora nos seguían las bestias que nos rodearon, nos capturaron y nos llevaron al salón principal, donde también estaban Roger y Lito.
- Finalmente viniste. Mejor tarde que nunca. Sabía que vendrías.- era el Rey- En cuanto a Meru, no se ha portado muy bien últimamente. ¿Qué haré con ella?. Pero tu Ezequiel dirigirás mi ejercito, los entrenaras y cuando estén listos invadiremos el mundo de los humanos.
- ¡Nunca!
- Si no cumples mataré a tus amigos, después a Meru y por último a ti.
- ¿Estás loco?, ¿qué tomaste?. Además nose nada de guerras ni de tácticas.
El Rey sé hechó a reír y continuó
- ¿Querés saber de tus antepasados?. Ellos fueron nuestros mejores guerreros y lo han sido por generaciones. La fuerza, el poder esta en tu sangre. Estoy seguro que lo sentís cada vez que peleas, esa adrenalina que fluye por tus venas. Eso es lo que sos, un guerrero.
Mientras el Rey hablaba Crotti me susurró al oído
- ¡Toma esto!
- ¿Qué son?
- Granadas
- ¿de donde las sacaste?
- Del deposito..
El Rey proseguía y finalmente agregó con tono desafiante
- ¿qué decidís? Llevar a mí ejercito rumbo a la victoria o morir con tus amigos.
- Creo que no son opciones validas- dije y lancé las granadas
La explosión provocó que las paredes y parte del inmenso techo comenzaran a ceder. Le quité la espada a uno de los guardias y enfrenté a varios mientras escapábamos por los túneles.
- ¡Al deposito!- les dije
- ¿para qué?- Me interrogaron
- Vamos a volar este lugar.
En el depósito nadie estaba controlando. Así que prendimos una mecha y salimos del lugar. Atravesamos los pasadizos y salimos por donde habíamos entrado. Corrimos por el bosque alejándonos del castillo mientras nos seguían algunos caníbales. Sentimos una fuerte explosión, luego el castillo se desvaneció y las criaturas una a una fueron desapareciendo, como si fueran fantasmas. Todo el lugar estaba evaporándose. Fuimos al portal y retornamos a nuestro mundo. Segundos después el portal se cerró para siempre.
En Villa Udaoando las cosas habían cambiado. El chalecito estaba de pie y entero. Había pasto, arboles y la naturaleza brillaba en su plenitud. Todo el pueblo había recuperado su tonalidad verde esperanza.
En cuanto a nosotros, estamos bien. Lito y Crotti ahora se juntan para ver los clásicos de avellaneda. Roger escribió una novela sobre esto. Meru y yo estamos juntos. Si, finalmente encontré a mi Princesa.

jueves, 7 de febrero de 2008

PRISIONEROS DEL TERROR




Basado en un sueño de Ezequiel


por Roger Goyaud

Pleno verano, el calor agobiante y pesado era un acompañante no deseado. Nos dirigimos con Roger a la facultad de Ciencias Exactas en Ituzaingó. En el aula también estaban Lito y Crotti. La profesora nos encargó un trabajo de investigación científica sobre la aridez de los suelos, en un lugar llamado Villa Udaondo, dentro del partido de Ituzaingó.
Llegamos al pueblo y de movida nos sorprendió que las calles fueran de tierra y que hubiera tanta distancia entre las viviendas, es decir uno está acostumbrado a ver una casa al lado de otra, y aquí solo había una y a la distancia, bastante alejada otra y más lejos otra. Se podían divisar grandes extensiones de campo con solo mirar el horizonte. Parecíamos estar en algún paraje perdido del interior de la provincia, pero no, esto era a solo unos pocos kilómetros del centro de Ituzaingó. O tal vez era como si el tiempo no hubiera pasado en este lugar. Como si se hubiera olvidado de este pueblo.
Empezamos la investigación. Con cuaderno y lapicera en mano íbamos anotando las características y tendencias que observábamos. Una casa antigua me llamó la atención, me acerqué, había algo que no era normal. Lo que en otros terrenos era pasto, en esta casa el jardín delantero era árido, no había césped, solo tierra seca. Tomamos nota de ese extraño fenómeno. Luego decidimos entrar en esa casa, en busca de alguna evidencia. Un arrebato tonto porque no nos percatamos de que estaba vigilada por una bestia con forma de lobo. Corrimos abriendo puertas sin poder cerrarlas, tratando de evadirlo sin resultado favorable. Hasta que nos encerrarnos en el baño. La bestia no conforme con esa situación, una y otra vez golpeaba la puerta con una violencia sobrenatural. Sabíamos que no tardaría en lograr derribarla, así que salimos por una ventana o escotilla, bastante pequeña, dimos toda la vuelta al pasillo donde quedaba el baño y encerramos al animal sin que este se diera cuenta.
Volvimos a la calle y continuamos con nuestra investigación. Ahí nos cruzamos con Lito y Crotti y decidimos unificar esfuerzos. Fuimos al Chalecito, una casa que habíamos alquilado en ese lugar. Y también lo que debería ser césped (como él más normal de los jardines) era árido, un desierto de tierra seca, un fenómeno que seguía siendo inexplicable. También me llamó la atención que en la pared de esa casa había una ligustrina de enorme tamaño. No sé porque decidí tocarla con mi mano y para mi sorpresa la atravesé de lado a lado, abriéndose una especie de compuerta. Era como un pasaje hacia otro lugar, hacia otra dimensión tal vez. Enseguida alerté a los chicos y decidí pasar al otro lado del portal. Luego lo mismo hicieron los demás. En ese extraño ambiente, el día se hizo noche y la luz oscuridad. Un clima frío y húmedo acaparó el lugar. Miré alrededor y observé una especie de bosque, divisé algunos arboles pero la niebla no me dejaba distinguir bien todo lo que había. Escuchamos fuertes sonidos, como alaridos y vimos sombras moverse con rapidez asombrosa. Luego la niebla comenzó a disiparse, solo para que pudiéramos verlos. Parecían hombres, pero les aseguro que esa palabra no sirve para denominarlos. La única que encuentro para referirme a esas extrañas criaturas es ´Caníbales´. Si, caníbales que se aproximaban a nosotros. Rápidamente atravesamos el portal y regresamos al caluroso pueblo de Villa Udaondo. Retornamos frente al Chalecito, cuya ligustrina o portal habíamos atravesado y nos refugiamos en el patio.
Pero algo no estaba bien, de vuelta lo presentía. La casa comenzó a quebrarse, un terremoto estaba sacudiendo el lugar. Ahora el césped verde color esperanza del patio, se transformó en un árido y deprimente desierto de tierra seca. Los arboles comenzaron a secarse, las hojas caían secas sobre la tierra todavía mas seca. La casa se partió por la mitad y una parte quedó elevada e inclinada. Un ruido ensordecedor lo envolvió todo. De pronto sentí que aquellos extraños seres ´Caníbales´ estaban alrededor nuestro. No podía verlos, pero ahí estaban. Uno a uno mis amigos fueron cayendo, tragados por la tierra o por la casa o devorados por aquellos seres. En cuanto a mí, nada me ha sucedido. Extrañamente el poder de la tierra o de la casa no tienen influencia sobre mí. Los caníbales parecen tenerme respeto o miedo, tal vez. No entiendo porque se inclinan ante mí. ¿Quien soy para ellos?. ¿Quién soy?...