miércoles, 23 de enero de 2008

Anecdota Toninense..



por Martín, Miguel, Fede, Eze y Roger

Basada en hechos reales. Las situaciones aquí vertidos no son mas que la pura verdad que nos ha tocado vivir. Cualquier semejanza con la misma es absolutamente verdadera.

Relatado por Martín

Jueves (17 de Enero) por la noche, mirábamos el techo a oscuras, con los planes arruinados. Nos encontrábamos en penumbras, en una habitación con solo la tenue luz que emitía un antiguo candelabro.
Lito, mi hermano mayor, fue el primero en salir de la casa para averiguar que estaba sucediendo. Luego fue seguido por Fede, el mas joven del grupo. Quién esa noche había llegado con la idea de recorrer la costa atlántica, pero no supuso que una nueva aventura lo estaba esperando.
Mientras tanto Ezequiel, Roger y yo nos encontrábamos opinando sobre la recién conocida Natalia, alias ¨la Coca¨, en la playa, la cual poseía unos importantes atributos físicos.
Minutos mas tardes Ezequiel, el técnico electrónico del grupo, al percibir que Lito y Fede no volvían decidió arriesgarse e ir en su búsqueda. Anonadado por la situación en la que se veía comprometido, escuchó como Lito maldecía a los cuatro vientos, a la empresa de electricidad privatizada de la década de los 90, década que horas antes había sido defendida por Natalia.
Ezequiel, de gran agilidad mental, improvisó con palos, pastos y yuyos del inmenso jardín, que habían sido arrancados por Lito días antes en una ardua y agobiante jornada laboral bajo el intenso sol toninense, una rústica pero muy efectiva antorcha. La cual utilizó para iluminar el oscuro camino hacia donde se encontraban Lito y Fede. Ezequiel ya enterado de la situación, con solo mirar el tablero de electricidad esbozó al aire con una voz efusiva “Sabotajee.. Mierdaaa!!!”.
Al escuchar los gruñidos de intensa bronca, Roger y yo, salimos raudamente en la oscuridad, guiados por la efectiva antorcha que Ezequiel había creado. Al llegar donde se encontraban todos, Fede contenía al dueño de casa que decía “Fue el mal intencionado y maléfico vecino y su gordo inquilino”. Vecinos que días atrás habían atentado contra el balón, y la integridad física de los miembros del grupo. Pregunté que estaba sucediendo y Fede con su usual calma respondió “Según las acertadas pericias de Ezequiel, atentaron contra el tablero del suministro de electricidad del departamento, dejándonos sin luz”.
Enardecido por la situación Roger el poeta y más sensible del grupo le arrebató la antorcha a Ezequiel y con la misma violentó el tablero en forma de venganza contra los terroristas del balón. Inmediatamente una gran llamarada iluminó el estrellado cielo toninese, seguido de una explosión, que dejó a todo el vecindario sin luz. Solo se veía la que emitía la antorcha.
Bajo intensas carcajadas y una felicidad dominante que se reflejaba en nuestros rostros por la revancha que habíamos logrado Fede, seriamente sin palabra alguna, señalo a los malvados vecinos que se acercaban provocativamente con machetes y petacas de dudoso contenido, con la finalidad de acabar con nuestras jóvenes y puras vidas. Lito inmediatamente huyó despavorido hacia la oscuridad. Entonces quedamos diezmados por la cobardía de nuestro líder. Igual nos armamos de coraje dispuestos a defendernos. Ellos nos superaban ampliamente en numero y en tecnología armamentista mientras que nosotros teníamos en nuestro poder solo una antorcha casi consumida.
Ante el prominente final observamos en el horizonte dos pequeños pero luminosos faroles, que iban aproximándose a gran velocidad. Ambos bandos yacíamos estupefactos, paralizados y confundidos por la inexplicable luz que se acercaba. Uno de los vecinos exclamó, bajo los efectos del alcohol, “Un ovni, huyamos..” .La multitud comenzó a alejarse, temerosos por la indescriptible luz. Pero reconocí, a medida que se acercaba, el inconfundible sonido del “Super Bolido Azul”, vehículo utilizado para las andanzas en el oeste bonaerense y murmurando les informé a mis amigos que esa luz no era de temer y que debíamos acercarnos a ella. Sin perder tiempo nos introducimos en el vehículo, el cual era conducido por nuestro gran líder, devolviendo así la moral al grupo y resurgiendo la esperanza. La urbe enfurecida, al darse cuenta que esas luces no eran mas que un auto y que intentábamos escapar, arremetió con una furia endemoniada contra el vehículo motorizado que al mismo tiempo se quedo sin nafta, producto que la misma había sido utilizada para alimentar el motor del cuatriciclo que intensamente habíamos disfrutado sobre las blancas, limpias, puras abundantes y únicas arenas junto a las transparentes y cálidas aguas del océano de la costa atlántica. Cuando la situación era ya insostenible y nuestras vidas pendían de un hilo escuchamos una voz analfabeta que decía “Eh loco, soy el electisista, yo le soluciono el depefecto ..”. Al escuchar esto la muchedumbre volvió en razón y se retiró esperando la resolución del problema.
El hombre de escasa instrucción y pobre vocabulario se dirigió a Ezequiel, que ya se encontraba fuera del vehículo y le dijo “Eh vo, che loco iluminame”. Luego de torpes e inusuales movimientos el inoperante y gordo hombre resolvió medianamente el problema, efectuando un primitivo e inseguro empalme sin el correspondiente aislamiento. Nosotros le hicimos saber nuestra inquietud rebajándonos a su pobre vocabulario. Entonces Lito expresó “Pero oiga jefe ¿a eso no le falta aislacion?, ¿Lo va a dejar así?, ¿No es peligroso?, ¿Y si llueve?..”. A lo cual el ineficaz operario respondió “Quedate tranca pibe que no pasa nada, los cables están diretos y mas peligrosos que los empalmes son los bornes que están acá, además si llueve el agua se filtra pibe..”. Esto provocó no retribuir la enorme suma monetaria que le íbamos a propinar por hacernos el trabajo.
Momentos mas tarde dentro la casa mientras cenábamos apaciblemente, ya con luz y Fede nos confesaba que él había llamado al electricista (de diferente cultura) escuchamos una explosión y salimos a averiguar que había sucedido. Observamos al electricista tirado en el piso diciendo “Eh loco te dije que alumbraras bien vieja, no ve que me hiciste hacer cagada..”. Y al vecino con la linterna en la mano, tomándose la cabeza, mientras veía su casa incendiarse, motivo de un cortocircuito en el tablero ocasionado por el inoperante electricista.
Finalmente mientras la felicidad llegaba al máximo esplendor en nosotros Lito expresó “ Nos hemos VENGADO..”

FIN

lunes, 21 de enero de 2008

SUEÑOS QUE MATAN

por Roger Goyaud

Rodeado de tumbas, entre voces y quejidos de las almas condenadas, me encuentro. En este lugar alejado de todo, oculto y misterioso, donde nadie se atreve a acercarse; paso mi tiempo viendo el continuo andar de las almas, de un lado al otro de este lugar y escuchando sus voces, (extraños alaridos) en un dialecto que poco a poco voy comprendiendo.
¿Quién soy? y ¿dónde estoy?, ahora no importa. La pregunta sería ¿quién fui?.
Hubo una vez en que fui un hombre común. Tenia una vida normal, como cualquiera. Con problemas de toda índole, pero era feliz, o creía serlo.
Mi vida cambió cuando la conocí. Enseguida me impacto su belleza. Aunque ese día tenía un largo vestido negro, que no dejaba apreciar su hermosa figura y un pañuelo que cubría su larga cabellera rubia. Tal vez haya sido la situación, el entierro de su marido. Debo confesarles que yo trabajaba en el cementerio. Era el encargado de que todo saliera a la perfección. Ya estaba acostumbrado a estas situaciones. La gente llorando a sus seres queridos. Otros que nunca estuvieron, ahora se acuerdan de ellos. La clásica y nunca olvidada maldita lucha por el testamento.
No era la situación. Dije que estaba acostumbrado. Creo que uno no se termina de acostumbrar del todo.
Volviendo a ella, ese día solo cruzamos unas miradas. Pero volvió al siguiente y así venía día tras día. Hasta que en una oportunidad me acerqué y le hablé. Verán, soy una persona muy tímida, en especial cuando se trata de hablar con mujeres, pero al verla sentía la necesidad de estar con ella. No recuerdo exactamente que le dije. Es más ni siquiera me acuerdo que temas hablamos. Tengo una laguna en mi mente, que no me permite regresar a esa situación. Pero a partir de ese momento, todos lo días siguió viniendo y nos quedábamos hablando durante horas.
Poco a poco me fue envolviendo con su dulce forma de ser. Sus grandes ojos verdes, parecían brillar cuando nos mirábamos. Su rubio y largo pelo era de una suavidad y extrema belleza para la vista. Que decir de su boca, era la gran obra maestra de todo su ser. Su cuerpo era perfecto. Ella era perfecta.
Nos enamoramos y parecíamos ser tan felices. Que más podía pedir. Tenía el amor de esa gran mujer. Además tenía un buen pasar económico.
Nos casamos al poco tiempo y nos mudamos cerca del cementerio. La casa era grande y silenciosa para nosotros. Pero sabíamos que cuando tuviéramos hijos se llenaría de muchos ruidos.
Desde el día que nos fuimos a vivir juntos, comenzaron a suceder extraños acontecimientos. Llegaba a casa del trabajo, exhausto, comía, me duchaba y dormía. A mitad de la noche me despertaba, soñaba que en el cementerio se me aparecía el espíritu de su difunto marido. Me perseguía, me amenazaba y no podía escapar. Pero lo que más me mortificó fue que en un sueño el mismo espíritu me dijo ¨Ella no es perfecta, ten cuidado.¨ Esas pesadillas se hicieron constantes. Todas las noches se me aparecía y me decía más y más de lo mismo. Me pedía que la observara detenidamente que hallaría respuestas. Y también comenzó a decirme que ella merecía la muerte. Siempre me despertaba exaltado y asustado, pero la miraba a ella a mi lado, tan bella, tan linda durmiendo y la tranquilidad volvía a mi.
Todo un año continuó asediándome ese extraño espíritu en mis sueños. Cada vez parecía agregar algún detalle, algún defecto sobre mi amada.
Poco a poco empecé a notar que lo que me decían en mis sueños no estaba tan alejado de la realidad. La veía y cada vez me costaba entender el vínculo que me unía con esa mujer. No era la misma. Cuando me miraba llegué a notar en sus ojos un sentimiento de debilidad, de flaqueza que antes no lograba ver. Y en mi, la ira aumentaba al mirar esos profundos y verdes ojos. Esos que tanto me habían deslumbrado, que tanto había amado. Ahora los odiaba profundamente, detestaba su mirada. La esquivaba cuantas veces podía.
Los últimos días ya no dormíamos juntos. No podía sentir su respiración, no podía soportarlo. Así que pasaba mis noches en el sofá. Y los sueños seguían dándome mas detalles espantosos sobre ella, sobre la verdadera mujer con la que estaba casado. Llegué a matarla varias veces en mis pesadillas. Tantas que perdí la cuenta. La mataba de muchas formas diferentes. La asfixiaba con la almohada y ella intentaba resistir, hasta que después de un tiempo quedaba inmóvil. En otras usaba la escopeta que tengo guardada en el armario. O la descuartizaba con el hacha. También la ahogaba en la bañera. Que placer sentía en esos momentos. Cuando despertaba tenía un paz y una alegría que se acababan cuando volvía a la realidad y ella seguía respirando y mirándome con esos ojos que parecían angelicales, pero que encubrían a un ser diabólico.
Ella era la que me generaba esos sueños. La que provocaba en mi este estado. La que me pedía de esa forma que la ayudara, que terminara con su calvario. Se comunicaba conmigo en los sueños, a través de su difunto marido y hasta últimamente aparecía ella misma. Me decía que había sido poseída por un espíritu maligno. Ya no era ella. Era algún ser diabólico que se había apoderado de su cuerpo y yo debía liberarla.
Una noche desperté de un sueño donde otra vez la había matado, pero ahora tenia sangre en mis manos, mi remera estaba rasgada y manchada. Me encontraba en la habitación, miré alrededor y en el piso yacía muerta la que una vez supo ser mi amada. Sus grandes ojos verdes, esos que tanto había amado y odiado, no estaban en su cuerpo.
Nadie creyó en mi versión de los hechos, sobre el espíritu maligno que se había apoderado de ella. Y se rieron cuando les dije que en mis sueños ella me pedía que la ayudara a acabar con su vida, a liberarla.
Me encerraron en un manicomio y ahí pasé un tiempo, hasta que no aguanté mas y logré escapar. Tardé mas de dos años en hacerlo, pero funcionó. Ahora estoy en este cementerio, alejado de todo y comparto mis días con ellos. Las almas por las noches se aparecen y solo espero encontrar algún día la de ella. Porque al fin yo la salvé, la liberé. PERO CUANTAS DEBEN HABER QUE NECESITEN SER LIBERADAS, TAL VEZ MI TAREA RECIÉN COMIENCE. Porque los espíritus me dicen que tengo que seguir liberando almas.
Aún conservo en mi poder sus grandes ojos verdes, que pronto tendrán compañía.

miércoles, 9 de enero de 2008

MIL AÑOS

MIL AÑOS
por Roger Goyaud

Algún día se me borraran tus recuerdos
Algún día la lluvia ahogará mis sentimientos
y toda esta pena
que hoy me hace doler
desaparecerá
y el sol secará el mar de lagrimas
que hay en mi corazón.
O tal vez pasen mil años
y yo te siga amando.

Algún día te olvidarás de mi
y yo pasaré a tu lado
como un extraño
y no te acordarás de mi.
Y en tus ojos veré
esa extraña mirada
que me desplaza
y me deja fuera de ti.
O tal vez te siga viendo
por las calles de la ilusión
y en silencio y a escondidas
te siga amando.

Algún día se me irán
estos deseos por verte
por cuidarte y protegerte
estos deseos de amarte.
O tal vez algo pasará
que me hará olvidarme de ti
y al oir tu nombre decir
nada sentiré
y al verte partir
te saludaré en la distancia.
O tal vez nada cambie
y yo sea el mismo que hoy
te ama con locura.

Amor te vas y no estas
estas lejos, estas lejos
y no piensas volver.

Algún día se me borraran tus recuerdos
y los hermosos momentos
que a tu lado pasé
quedarán en el cofre del olvido
Algún día la lluvia ahogará mis sentimientos
y el sol quemará todos tus recuerdos.
O tal vez pasen mil años
y yo te siga amando.

Algún día despertaré de este sueño
y tu serás solo un dulce recuerdo
o tal vez una fantasía
que duró demasiado
sueños, ¿que sueños?
son sueños de amor.
O tal vez me despierte a tu lado
envuelto en tus brazos
sintiendo el aroma a perfume
que dejas en la cama

Amor te vas y no estas
estas lejos, estas lejos
y no piensas volver

Y cuando despierte
¿donde estarás?
O tal vez pasen mil años
y yo te siga amando...

lunes, 7 de enero de 2008

DE LA TIERRA AL INFIERNO - Roger Goyaud


Dicen que es él más temible, que se oculta en las sombras. Que durante milenios reinó el bajo mundo a su antojo. Que se lleva a quien quiere. Y que en cada siglo elige al azar, o no, a algunas de sus víctimas, solo para su deleite.
Y yo que soy un simple mortal, estuve a punto de vencerlo. La gran fuerza sobrenatural, que todo lo sabe, que todo lo ve, por un instante quedó casi derrotado por un simple hombre.
Todo comenzó mientras caminaba por la vereda del club G.E.I. de Ituzaingó, situado a una cuadra de mi casa. Habían quitado la ligustrina y los carteles, de modo que ahora nada impedía la visión de quienes hacían deporte. Observé al menos tres canchas de fútbol, en donde se estaban llevando a cabo encuentros. A escasos metros, también en la vereda, una periodista transmitía en vivo para América TV. Explicaba sobre los negociados que efectuaban los dirigentes del club, con la explotación de los chicos. Me entrevistaron y dije lo que pensaba y tal parece que a algunos no les gustó, porque terminada la nota me disponía a continuar mi camino cuando un hombre apareció de la nada y mirándome fijo a los ojos me dijo ¨Este es tu final. Vivirás en las tinieblas por siempre.¨ Así como vino desapareció. Desde luego que no lo tomé en serio, digamos que no soy un tipo muy creyente. Además hay demasiados locos sueltos en el mundo.
Seguí caminando, y por fin ya estaba del lado sur del pueblo. (La vía divide el norte y el sur de la ciudad.) Entré a ese lugar, ¿cómo definirlo?. Era un kiosco y a la vez un bar. Estaban todos reunidos, veía tantas caras conocidas. Nos quedamos un largo rato, mientras saboreábamos una deliciosa picada. Faltaba algo, la bebida. Fui hasta el kiosco, que quedaba ahí adentro. Me sorprendieron los precios, una cepita grande salía 50 centavos. Que extraño!! Demasiado barato, pensé. De todos modos compré la pequeña y la chica, morocha que creo reconocer pero no estoy seguro, solo me cobra 35 centavos.
De repente todo se oscureció y se escucharon voces gimiendo. Una presencia fantasmagórica y aterradora dijo ¨Todos están condenados a la oscuridad eterna, salvo los cuatro primeros que logren llegar hasta la sala. Para ello deberán atravesar los trenes, vagón por vagón hasta el último. Quienes sean más rápidos y más hábiles se salvaran. Los demás no solo perecerán, sino que sus almas me perteneceran.¨
Las luces se encendieron, la cara de los muchachos no era la misma. Eramos como veinte y solo cuatro se salvarían. Algunos no lo aceptaron, pensaron que era alguna especie de broma. Otros miraban con recelo la puerta, para salir corriendo en busca de esos trenes. Lucho y Martín fueron los primeros en salir, ellos no creían en esto. Los restantes nos quedamos casi en silencio, pensando. Estoy seguro que todos deseamos estar en alguna pesadilla, donde despertaríamos pronto y todo volvería a la normalidad.
De repente, el celular de Fer sonó. Los chicos que recién habían salido estaban muy graves, habían tenido un accidente con el auto. Ahí otros que estaban mezclados entre mis amigos se pusieron como locos y desenfrenados salieron corriendo, buscando la salvación. A partir de ese momento todo fue un caos. Nos sumamos a la travesía y apenas salimos del bar vimos los trenes, uno al lado del otro. Pero ¿qué estaba por hacer?, era absurdo. En ese instante alguien que no conocía sacó una pistola y comenzó a disparar a cuantos de nosotros tuviera enfrente. Como pude subí a uno de los trenes y corrí, pase vagón por vagón, conté al menos veinte, luego perdí la cuenta. Ya sin aire, exhausto, miré por la ventana, como en una búsqueda desesperada por ver a mis amigos, pero no encontraba a nadie. Luego escuché una voz que me llamaba. Venía del tren que tenía al lado. Esa voz me resultaba conocida. Me acerqué y lo vi a Miguel tirado en el suelo, muy cansado. ¨¡Levantate!¨, le grité, ¨vamos que hay que seguir¨, le insistí. Me dijo que no podía más. Mientras le ayudaba a incorporarse, miré hacia el fondo y desde lejos veía que alguien se acercaba, pronto nos alcanzó. Era Ezequiel, le pedí que nos ayudara. Me dijo que faltaba solo un vagón y que los otros estaban muertos. ¨Solo algunos lograron esquivar las balas del loco¨, repuso.
Los tres llegamos hasta la última puerta. Preocupados pero con incertidumbre, la abrimos. Para nuestra sorpresa en el interior de aquella sala estaban Matías y Crotti. Si, se habían salvado de aquel loco que disparaba y habían sido tan rápidos que lograron ser los primeros. Me puse contento por ellos. Pero luego la frase de aquel ser retornó a mi mente ¨Todos están condenados, salvo los cuatro primeros que logren llegar a la sala.¨ . Uno de los tres no ingresaría. Miré a Miguel y a través de sus ojos pude ver su futuro. Era feliz, hijos, nietos, su mujer. No podía perderse eso. No podía permitírmelo. Luego observé a Ezequiel, pero él parecía como si fuera un día normal, no expresaba sentimiento. Demasiado frío para un momento como este. Pero sabía que el también tendría un gran futuro. Además lo esperaba su novia, con el clásico baile de Shakira. No podía ser tan egoísta, no podía pensar solo en mi. Después de todo, no tenía nada que perder. Les di las gracias por ser mis amigos y antes de que pudieran reaccionar los empujé al interior de la sala. Y por última vez miré a los cuatro.
Entonces desaparecieron los trenes y la sala se esfumó. Quedé en un lugar que parecía ser mi barrio, pero abandonado, sucio, y todo de un color opaco. Aún sigo aquí, por momentos el silencio acapara el lugar, en otros los gritos son aterradores. A veces las llamas invaden todo el sitio. Pero yo tengo mi escondite, mi lugar. Cuando ellos vienen, sé que debo hacer. Antes intentaba resistir, ahora solo dejo que mi mente me lleve a donde quiera ir.
Como dije antes, yo un simple mortal estuve a punto de vencer a esa fuerza destructora que rige el bajo mundo.